Herramienta de accesibilidad para
personas con discapacidad
Portal de Accesso

Diálogo “Cex and the Lunch”, con el tema: Estigmatización de las feministas.

Publicado el 30 Agosto 2017
Discurso 27, 2017

1


Dra. Teresa Incháustegui Romero

Directora general del Instituto de las Mujeres de la CDMX

Diálogo “Cex and the Lunch”, con el tema: Estigmatización de las feministas.

Universidad Iberoamericana (IBERO)


“El feminismo es esta manera de pensar que otro mundo es posible, es una filosofía de la vida, incluso es un programa social que parte de la idea de que las mujeres somos personas”

Muchas gracias a Juan Carlos, a todas y todos ustedes por recibirme esta tarde.

Desde hace un rato tenía la inquietud de vincularme con la IBERO, porque uno de los objetivos y misiones del Instituto –además de promover la igualdad de trato y el respeto entre mujeres y hombres- es reducir la violencia que se ejerce en contra de las mujeres y las niñas en distintos ámbitos.

Quizá puedo echarles un choro académico, pero me gustaría más platicarles en mi experiencia, lo que es ser feminista y a partir de ahí que ustedes comenten y pregunten lo que quieran.

Debo decirlo, me sacudió mucho el cartel del evento, por los colores, por el emblema nazi y como aparecía también mi nombre ahí, en redes sociales se interpretó que yo estaba promoviendo el uso del mote de feminazi, entonces tuve que hacer una operación de revertir esa amenaza, voltee el sentido de las palabras y le puse #FeminacíTengoDerechos.

Me parece que eso de “feminací” es también un buen punto de partida para contarles que nacer mujer en una sociedad patriarcal-machista, como son la mayor parte de nuestras sociedades actuales, porque también esto del género y de las relaciones entre mujeres y hombres tiene su historia, sus cambios y sus circunstancias, nunca ha sido igual.

En este mundo moderno las personas estamos muy estereotipadas y muy clasificadas por el sexo en que nacemos. Aquí, simplemente en este mantelito que me recibe, veo que tiene que ver con el paquete de ingreso que les dan, pues están los estereotipos a todo lo que da.

Además, no sólo a lo que dan, sino también con una connotación que no es inocua, está súper cargada de contenidos y de historia. ¿Qué les dan a las mujeres? Un kotex y una buscapina. ¿Qué significa eso? Tomar la parte por el todo, lo vemos aquí plasmado en una Universidad que siempre he respetado, porque he estado cerca.

Me sorprende negativamente, porque además esa parte que está tomada para emblematizar lo femenino es la menstruación, que desde Aristóteles se ha tomado como algo para denigrar a las mujeres.

Claro, es toda una paradoja que uno de los padres del pensamiento racional dijera que las mujeres somos débiles cerebralmente, porque menstruamos. Es una paradoja porque la menstruación es toda una potencia para las mujeres, es un gran poder, porque nosotras tenemos el poder de la reproducción.

Un grupo de mujeres no necesita más que un hombre para reproducirse, ese es el enorme poder, pero esa es también la gran disputa que el patriarcado ha construido sobre nosotras: quitarnos ese poder de la sexualidad y de la menstruación y hacernos débiles, justamente por lo que somos fuertes y potentes, es decir, tomarlo como un elemento de la denigración.

No solamente les dan un kotex sin una buscapina, es decir, tu malestar, tu cabeza que no funciona bien porque te llegó la menstruación, es más hay gente que te dice: “oye, estás menstruando”, incluso se ha vuelto así como feminazi, se ha vuelto común desgraciadamente esta ofensa de que “estás menstruando”, también se la dicen entre hombres para decir: “qué te pasa, te está fallando la cabeza”.

Estaba recordando que hace poco, cuando estaba por la carretera de aquí, vi un enorme anuncio para reclutar a jóvenes para estudiar aquí y en el anuncio había un varón que tenía un cerebro, “entra aquí para funcione tu cerebro”, y una mujer con un corazón, como si las mujeres no tuviéramos cerebro y los hombres no tuvieran corazón.

Ese es el sexismo. Por ejemplo, volver a los hombres, a través de esa imagen de la masculinidad, impermeables a todos los sentimientos: “no llores, no te quejes”, esta mentalidad heroica de una masculinidad que tiene que arrastrarlo todo, nunca quejarse y nunca ablandarse es tremenda, porque al final hay algunos ejemplares de la masculinidad completamente discapacitados emocionalmente, no pueden sentir, no pueden expresar sus sentimientos, no pueden amar, no pueden darse y eso es negativo.

Por eso, nosotras decimos que la masculinidad mata, mata a los hombres porque los hace que tomen riesgos que son innecesarios, correr a no sé cuántas velocidades en la madrugada para demostrar su hombría, su capacidad de control, sus calzones, ser violentos, porque la violencia es la manera en cómo el marcho alfa va a someter a las mujeres y a los demás hombres, ejercer esa violencia, adoptar riesgos y desafíos, como de pronto un muchacho meterse una pistola y jugar que es un asaltante, matar a una mujer porque se le niega, se siente humillado porque lo dejó por otro.

Todo eso es parte de esta polarización de personas, que finalmente es algo que sirve para una forma de organización de la economía y de la vida, donde las mujeres van a ser esclavas del cuidado y de la prole y los hombres van a ser esclavos del trabajo, nunca van a tener chance de moverse, de cambiarse de lugar, de ser una cosa distinta.

Nosotras, las feministas, estamos por otro mundo. No es que estemos para dominar a los hombres. Este mote de feminazi es una manera de degradarnos, estigmatizarnos y descalificarnos.

Es una nueva forma, porque la verdad había yo escuchado otros descalificativos años atrás, de hecho, la descalificación de las feministas empezó desde que comenzamos históricamente a defender nuestros derechos como personas.

El feminismo es esta manera de pensar, es una filosofía de la vida, incluso es un programa social que parte de la idea de que las mujeres somos personas.

Qué eso de ser mujer es una construcción social, es decir, en la medida en que es una manera de ser, de estar, de pasar, de encarar papeles, funciones, roles, es una construcción social.

Como personas podemos ser femeninas, masculinas, es decir, podemos jugar con todo lo que nosotros somos y con todo lo que son nuestras potencialidades, pero ubicarnos como mujeres, porque lo único que podemos hacer es menstruar, reproducirnos, pintarnos, buscar un marido y hacer casita, es una manera de anularnos en muchas otras de las potencialidades que tenemos.

Las feministas pensamos que otro mundo es posible, que otras relaciones entre personas son posibles.

Queremos un mundo donde el trabajo doméstico no sea sólo de las mujeres, queremos un mundo en donde el cuidado de personas y las personas estén en el centro de la organización social y no en los márgenes de la organización social y la gente sin importar para la sociedad, sin importar para la economía, si hay gente que no tiene quien la cuide, si hay gente que muere abandonada, si hay niños que van a crecer sin ninguna protección.

Queremos un mundo en donde el ser humano esté en el primer lugar y que no seamos medidos en nuestras oportunidades y en nuestras obligaciones, por ser hombres o ser mujeres, por haber nacido en un sexo u otro, sino como personas. Ése es el gran desafío que tenemos encima.

Tenemos que desmontar siglos de esta ideología que nos oprime, que nos margina, que nos estigmatiza y que nos segrega. También, tenemos que remontar esa visión patriarcal, que dice exactamente Bourdieu, de la dominación masculina que no se cuestiona porque se da como hecha y como natural.

Es así y para qué te cuestionas, simplemente acostúmbrate, adáptate y haz lo que debas hacer, porque además todas y todos los que no nos adaptamos nos estigmatizan: unos son maricas, las mujeres que no nos cuadramos somos marimachas y las mujeres que defendemos nuestros derechos como personas somos feminazis o somos lo que sea, lo que nos puedan decir.

Eso es parte del trabajo y la tarea que nosotras hacemos, en la vida personal, desde mi propia existencia, desde que comencé en la universidad, como ahora a través del trabajo en el Instituto.

Yo quisiera que las políticas de igualdad de las mujeres también incluyeran políticas de transformación de la masculinidad. Estamos planteando que las políticas de igualdad en la Ciudad de México también trabajen con la parte masculina. Tenemos trabajos en algunas colonias de la ciudad.

Desgraciadamente el Instituto, así como nos marginan de muchas actividades sociales, presupuestalmente somos Bartolas, nos dan dos pesos y con eso pagamos el teléfono y la luz, con eso tenemos que trabajar y con eso tenemos que hacer. Todas las que trabajamos en el Instituto somos gente que todos los días estamos dándole a la matraca, pero con escasísimos recursos.

Con eso, estamos trabajando en colonias de la ciudad caracterizadas por mucha violencia, criminalidad y situación de calle. Estamos trabajando con jóvenes de ambos sexos, justamente para reconocer lo que es vivir y experimentar la violencia en las calles como hombres y como mujeres y encontrar formas de elaborar esa experiencia, de plasmarla artísticamente y culturalmente y de encontrar nuevas formas para fluir en el entorno.

Sabemos que por las transformaciones que hemos tenido fundamentalmente las mujeres, porque a nivel mundial y en el país también, las mujeres hemos dado un salto de milenios en menos de cien años.

De hecho, muchas historiadoras ubican el siglo XX como “el siglo de las mujeres”, si les hago un relato rapidísimo, si me lo permiten, para contarles, porque empecé diciéndoles que esta manera en que ahora nos ubicamos es nueva, es moderna, viene de la construcción de la modernidad, son de esas tradiciones que dice Hobsbawm, no tienen nada de antiguas, si yo las mido en generaciones, llevamos aproximadamente siete generaciones de 25 años, a nivel histórico que hemos vivido con esta organización.

No voy a hacer demasiado largo el relato, porque también a mí me interesa escucharles, pero decirles simplemente que cuando se generan los Estados modernos, a las primeras que excluyeron de todos los derechos fueron a las mujeres.

De hecho, Carole Pateman, que no sé si ustedes la conocen, tiene un libro muy famoso que se llama “El contrato sexual”, muestra cómo hay un contrato pre-social, es decir, pre- rousseaureano, se dice que las mujeres, justo basado en Aristóteles y en Kant, nos somos un sujeto racional y con capacidad de juicio y por lo tanto con capacidad de autonomía y libertad, la libertad es una condición del juicio y de la autonomía, según el pensamiento kantiano.

Como las mujeres menstruamos y somos emocionales, no somos racionales, dijeron: no, las mujeres no tienen derecho a votar, no son sujetos de derechos, son seres dependientes, que para representarlas ante la ley tiene que haber un hombre, sea su padre, su hermano, su abuelo o el vecino, pero no se pueden representar ellas mismas porque no son sujetas de derecho.

De hecho, tampoco teníamos el derecho a trabajar, que como no éramos sujetas de derecho, no podíamos hacer contratos civiles y el contrato laboral es un contrato civil.

Estamos hablando que cuando declararon los derechos universales del hombre y del ciudadano, a la primera que guillotinaron fue a Olympe de Gouges, que ella quería hacer también una carta de los derechos y los deberes de las mujeres y las ciudadanas.

La guillotinaron, hacen la Declaración, la Declaración francesa se convierte en el modelo de muchas de las declaraciones de los derechos y desde 1789 o 90, que se hace la Declaración, hasta 1979, doscientos años pasaron para que hubiera una Declaración de los Derechos de las Mujeres.

Ustedes saben que el derecho al voto recién lo comenzamos a conquistar y a ejercer, en 1940-50 y a partir de ahí hemos venido luchando por el reconocimiento de todos los demás derechos, empezando por el derecho a nuestro propio cuerpo.

En la definición de la autonomía del pensamiento iusnaturalista, la primera propiedad de un sujeto racional libre, es su cuerpo. Por eso, los siervos peleaban en las ciudades para ser libres en su cuerpo, las mujeres todavía al día de hoy no tenemos libertad y autonomía sobre nuestro cuerpo en muchos lugares.

Todavía hay leyes que obligan a las mujeres a tener relaciones sexuales con su marido, como obligación, todavía hay contratos matrimoniales que señalan que ese es un deber de las mujeres.

Afortunadamente en nuestro país y en nuestra ciudad está considerada la violación dentro del matrimonio, cuando la mujer se niega a tener relaciones, pero cuesta mucho trabajo hacer valer ese derecho en la realidad.

Todo este periplo ha sido necesario y han sido las mujeres que dijeron “feminací” y entonces ahora voy a luchar por mis derechos, así que esa es una historia muy breve, no quiero aburrirles echándome un chorazo, quisiera interactuar con ustedes.

Pregunta: ¿Cuáles son los mayores retos en este México machista? ¿En 30 o 50 años qué cambios serían los más urgentes?

Teresa Incháustegui: Hay un cambio importantísimo en los medios que no nos están ayudando para hacer esta transformación. Hay muchos cambios, las mujeres estamos cambiando, eso es obvio, los hombres no se quieren mover de su lugar, de ese lugar de privilegio que supone nacer varón. Hay muchas cosas que tienen resueltas en la vida por ser varón, tienen también un gran desafío.

Los hombres tienen que demostrar, por esa visión de la masculinidad, que son hombres ante todos sus demás compañeros, tienen que demostrarles que son hombres. Afortunadamente las mujeres no tenemos que demostrar eso, pero tenemos que demostrar que somos bonitas, porque es la única manera, además con el novio, el marido, el papá y el jefe tienen que demostrar que son honestas y honestas significa que no tengan derecho sobre su derecho sexual y no sean autónomas en su sexualidad.

¿Qué pasa con los cambios que se están dando? Hay muchas tensiones, hay conflictos, los hombres como no se quieren mover, porque además no les damos oportunidad de moverse. Son tan rígidas nuestras estructuras mentales, sociales y culturales, que cuando un varón sale de ese grupo o le dicen mandilón sus propios compañeros o se burlan si hace “cosas de mujer”, si es un amo de casa, como ya hay muchos en la Ciudad y en el país que por situaciones del mercado que las mujeres tienen mayores oportunidades de momento y para él asimilarlo, es un conflicto impresionante.

Hay hombres que no soportan que las mujeres sean más exitosas que ellos y que están constantemente larvarndo y constantemente socavando los esfuerzos de las mujeres y que todo el tiempo las están denigrando, metiéndoles inseguridad, pero no dejamos sacar a los hombres de ese cartabón. La misma cofradía masculina les está exigiendo todos los días que reiteren ese pacto, que todos los días sellen ese pacto.

Nosotras estamos buscando romper ese acuerdo. ¿De qué manera? Primero, que los hombres que sabemos que no son violentos, porque no todos son violentos, no se coludan con los hombres violentos.

La publicidad que subimos que se hizo famosa en las redes y ganó un premio, no sé si lo alcanzaron a ver, tuvo muchas vistas. La del asiento incómodo, el tema era un poco sentir esa parte, qué significa ir en el Metro y que venga gente que considere que puede arrimarse, frotarse, y hacer cosa y media, que no se los describo porque es asqueroso y que ningún hombre que esté al lado, sea capaz de decir “oye, déjala, la estás molestando”.

Esa complicidad entre varones nos cuesta mucho romperla y ¿saben hasta dónde nos la encontramos? Con los MP, con los jueces y es una lucha constante con ellos porque se sienten personalmente amenazados cuando acompañamos a una mujer que ha sido vejada. Porque a los policías se les dice “este hombre me insultó, me dijo tal y tal” y ellos responden: “Pues mire como viene usted vestida, usted tiene la culpa por ser tan bonita”.

Esa complicidad, ese pacto hay que romperlo. Los hombres que se quieren poner en la línea de la transformación no pueden seguir coludiéndose con los hombres violentos, no pueden seguir defendiendo su privilegio y esa es una de las cosas que queremos hacer, queremos que haya espacios para que los hombres puedan transitar a otras expresiones.

Intervención profesor: Yo creo que la mujer ya está cambiando, lo veo con mis alumnas, en 17 años de dar clases, veo un cambio, una transformación, veo que las chicas de hoy ya no se tragan lo que hace 10 años se tragaban otras chicas y están jugando otros roles.

Por otro lado, veo que la publicidad se ha subido a este cambio de paradigma porque vende, o sea estar a favor de la mujer vende, entonces vamos a ver un chorro de compañías afuera abrazando el feminismo porque vende, pero eventualmente eso ayuda a generar un cambio de conciencia.

Pero creo que también habría que poner un dedo muy particular, en un país como México, en la religión católica, o sea sé dónde estoy, en mi alma máter, en mi casa, pero creo que ahí también viene el origen de la degradación femenina.

Hay pasajes de la Biblia que dicen que la mujer debe costar no sé cuántos camellos y 50% menos que un hombre y una serie de cosas y no las cuestionamos y eso se agarra como dogma y todos los domingos se les mete a la cabeza, entonces no importa lo que suceda si en un país eminentemente católico como México no se empieza a cuestionar ese tipo de cosas, el cambio nunca se va a generar.

Teresa Incháustegui: Cuando me refería a medios no solamente hablo de la publicidad, si no de las cosas que se reproducen. Por ejemplo dicen que ya muchos jóvenes no ven telenovelas pero sigo mirando que las novelas no sólo reproducen el sexismo y los estereotipos, sino el clasismo, el racismo, todo, no hay una sola telenovela donde el tema de la violencia ejercida por un varón no esté presente en las escenas.

De hecho hay una especie de ruralización de las temáticas, antes se veía un proceso de exhibir las formas de vida más urbanas, más sofisticadas, ahora es más violento el tema.

En lo de la religión estoy de acuerdo, yo soy creyente, cuando me preguntan en qué, me meten en problemas porque hay muchas cosas, de hecho rezo mi propio credo cuando voy a misa, lo cambio porque yo no creo en un Dios padre, para mí Dios es padre y madre, para mí a la trinidad le falta una pata, que es la virgen María, que todavía la consideramos Virgen, para mí es una figura de misterio, del momento en que la redención se hace posible, es la mediadora de la gracia y de la redención, sin la cual no hubiera habido Jesucristo.

Le hace falta a la iglesia católica valorar mucho más a la figura femenina, ponerla en su lugar. Juan mira a la figura femenina en el apocalipsis, la describe como la mujer que pisa al dragón y que arrastra con su paso a toda la creación. Juan la mira en la aurora de la redención y la mira arrastrando a todo el universo a la redención, así la mira Juan, así la retrata.

Pero la iglesia no ha asumido ese mensaje, dice por un hombre entró el pecado y por otro la gracia pero no dice por una mujer entró la caída y por otra la redención, no hace ese equilibrio que está ahí y está claro.

La iglesia es la organización más patriarcal que existe donde las mujeres hacen chocolatito y los hombres son Papas, pero entonces es obvio que eso requiere un cambio muy importante, además si no cambia en eso y muchas cosas, la vamos a tener que dejar de lado y volvernos heréticos.

No es sólo el caso de la religión católica, todas la religiones patriarcales, hablar del judaísmo es todavía más fuerte, el judaísmo es todavía más fuerte, el islamismo no se diga y todavía más, tenemos una amenaza evangélica que trae, como los islamitas, la idea de que lo que está en la biblia tiene que estar en el Código Civil.

Pregunta: El feminismo, ¿hasta dónde lleva a caer en exhibicionismo? porque una cosa es ser feminista y otra cosa exhibirte. Porque en las marchas las mujeres se desnudan y dicen: “no me puedes tocar”, para mí eso es exhibicionismo, una forma de decir: “sí soy y no me puedes tocar”, incluso para mí cae en ser feminazi, o sea el ser mujer se está poniendo arriba de ser hombre. Eso se me hace exhibicionismo.

Teresa Incháustegui: No coincido con eso. Primero, yo respeto la libertad de toda la gente para expresarse, segundo, me parece que es una reivindicación de la autonomía del cuerpo, tercero, me parece que tiene un efecto dramático y performativo, no andan así en la calle todos los días, simplemente es un resultado que se quiere buscar en un recurso de expresión como lo es la manifestación pública.

Y no creo que por el hecho de que una persona se exponga de esa manera se valga para usar un mote tan fuerte como es feminazi. Precisamente por todo lo que arrastra del lenguaje de odio. Y a mí me parece, te pondría a reflexionar sobre el uso del término. Yo no lo haría por ejemplo, pero si hay alguien que lo hace y encuentra un efecto performativo de su expresión, creo que vale la pena respetarlo.

Pregunta: Yo le quería preguntar, me gustaría conocer su punto de vista sobre este proceso de apertura hacia la igualdad de género. En el proceso hay que tomar medidas legales, por ejemplo en los partidos, las cuotas de género. Yo estoy de acuerdo en las cuotas pero he visto que se le ataca a la lucha feminista porque dicen que es una discriminación positiva y que no se va a lograr nada con eso sino conseguir más animadversión. A mí me parece importante destacar estas estrategias en la lucha feminista de cuotas de género y cuáles serían los beneficios de esto.

Teresa Incháustegui: El tema de las cuotas de género surge en los años setenta con el tema de la discriminación positiva, es una medida que se toma en los Estados Unidos, en el marco de esta propuesta de Johnson que trataba de integrar a las minorías excluidas de la sociedad. A pesar de que ya estaba decretada la igualdad y la no discriminación entre las personas de color y las personas blancas, existía una pauta de discriminación fuera de la ley, de las normas y no había realmente movilidad social.

Entonces el gobierno de Johnson establece la discriminación positiva que es la fijación de cuotas de ingreso a las universidades de personas de color. La idea de la discriminación positiva es una idea para forzar el cambio estructural en un proceso de estructuras discriminatorias que marginan o excluyen a determinada población.

Es lo mismo que hacemos actualmente con las personas con discapacidad en el ámbito del trabajo. En la Ciudad de México existen cuotas para que las empresas y las instancias de gobierno puedan dar empleo a cierto número de personas que tienen discapacidades, para poderlas incluir e ir rompiendo esa segregación y discriminación.

Con esta idea se analizó a nivel internacional cómo había venido dándose la participación de mujeres en los cargos públicos desde que las mujeres teníamos el derecho al voto y encontramos que en las estadísticas, no había ni siquiera el 10 por ciento de mujeres en cargos públicos a finales de los setenta y entonces se tomó la determinación de comenzar con el tema de las cuotas.

La idea era formar una masa crítica para detonar el cambio. Se estableció primero la cuota del 25 por ciento, luego la del 40 por ciento. Hubo resultados muy positivos. A partir de las cuotas empezaron a entrar muchas más mujeres y a generar cambios en las legislaciones que no se habían hecho durante muchas décadas atrás.

Tengo que decir las motivaciones que hicieron que se justificara el tema de la discriminación. Las mujeres como tenemos el trabajo doméstico, del cuidado de la familia, pues a la hora que salimos de trabajar nos vamos corriendo para atender la otra tarea. Tenemos muy pocas oportunidades de tiempo. Si analizamos las estadísticas de uso de tiempo en el país, las mujeres trabajamos 8 ó 10 horas más que los hombres cada semana.

Pregunta: ¿Qué cruza por nuestras mentes? ¿Cómo sentimos cuando escuchamos el término feminazi? ¿Cómo reaccionamos? ¿Nos es indiferente?, ¿Cómo recibimos el tema? ¿Cómo lo ligamos el término feminazi cuando lo asociamos con temas extraídos del nazismo? ¿Cómo lo ligamos con lo que estamos viendo en Estados Unidos? ¿Tiene que ver con nuestra realidad nacional?

Teresa Incháustegui: Hay una serie de cuestiones del estereotipo de las mujeres, no sólo el rol de cuidadora que pesan para que la mujer se dedique a la política o cualquier otra cosa. Las estadísticas del tiempo nos dicen que las mujeres en México trabajan más que los hombres y en promedio trabajan entre 8 y 10 horas más que los hombres, tienen menos tiempo libre, menos tiempo para el deporte, para sí mismas, para participar en algún grupo musical y para participar políticamente.

Las mujeres somos actualmente de las que más estudiamos, las que más nos preparamos y nos preocupamos porque sabemos que tenemos un handycam que tenemos que ir solventando con más formación pero lo hacemos a costa de tiempo de descanso.

Por eso se veía que las mujeres son la base mayoritaria de todos los partidos, pero a la hora de buscar a quienes van a representar en cargos públicos escogen a hombres y entonces habría que abrir la rendija para que nos dejaran pasar.

En la academia peor, las universidades son instituciones patriarcales. Si analizas la cantidad de doctorados, que ya lo han hecho investigadoras del PUEG de la UNAM. Pero lo que logramos con las cuotas es lograr bancadas de mujeres, además estas primeras bancadas eran mujeres muy comprometidas con la agenda feminista, y entonces tuvimos la primera reforma constitucional en setenta años para declarar que la democracia era un régimen para hombres y mujeres.

No existía la palabra mujer en la constitución, hablaba de mexicanos, no hablaba de ciudadanas. Todavía el artículo 27 constitucional no les reconoce la propiedad de la tierra ejidal a las mujeres. Tuvimos que hacer un programa de revisión de todos los derechos constitucionales para hacer una reforma a la Constitución que incorporara todos los derechos de las mujeres en los artículos.

Hemos ido poco a poco porque no ha sido fácil, pero conseguimos reformar el Código Penal, los códigos penales de todo el país. Fue una reforma muy importante porque no existían delitos sexuales en contra de las mujeres, existían delitos de honor porque las mujeres no éramos sujetas de derecho, no éramos ni siquiera propietarias del agravio que nos habían hecho, de la ofensa, la violación, era la familia la agraviada, era a la familia a la que había que resarcir y a veces resarcir significaba que un violador se casara con la víctima.

En otras entidades era mucho más penado robarse una vaca que robar a una mujer, el famoso delito de abigeato, entonces hemos hecho estas reformas con las cuotas y al final, se formó una capa dirigente de mujeres feministas. No todas las mujeres que han entrado son feministas y menos ahora que ya logramos la paridad, que es un concepto que revoluciona por completo el universalismo androcéntrico del pensamiento político y filosófico de la modernidad porque era universalismo sólo para ellos.

Con esta cuestión de la paridad que está basada en la idea de que la humanidad no es de un solo sexo, somos dos y cada quien desde su ser hombre y ser mujer tiene posibilidad y derecho a la representación, porque el tema no es que estén mujeres en los puestos, sino que estén representado el mundo femenino, el mundo de las mujeres con todos sus problemas, sus necesidades e intereses en las políticas públicas.

Que desde hacer una calle, una carretera, se analice qué necesitan las mujeres para cruzar una calle. Nosotras vemos que a veces hacen unas vías rapidísimas, cortando comunidades para que pasen del aeropuerto al hotel y ahí las mujeres que van a la escuela, que tienen que llevar niños, antes cruzaban una calle, ahora tienen que esperar un autobús que les dé la vuelta y las regrese.

El derecho a la ciudad desde una perspectiva de mujeres, el derecho a la seguridad desde una perspectiva de mujeres, porque no tenemos los mismos riesgos. Los riesgos de las mujeres siguen estando más en los espacios privados, en las casas, en las escuelas, en los trabajos y los riegos de los hombres siguen estando en la calle. Entonces se necesitan enfoques distintos de políticas para cada circunstancia, en la salud por ejemplo, no nos enfermamos de lo mismo ni nos morimos de lo mismo.

Entonces todo esto es parte de la expresión de la paridad donde tenemos que estar, nuestros problemas tienen que estar ahí. No queremos una representación vicaria, queremos estar y ese es un poco el sentido.

Muchas gracias

--ooOoo--